TRAVESÍA A LOS NEVADOS

Se acaba el año y nos propusimos terminarlo a lo grande¡¡, así que diseñamos un viaje para conocer el impresionante Parque Natural Nacional los Nevados y el mítico Nevado del Ruiz!!! Realizaremos un circuito completo desde la capital colombiana, pasando por los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Quindío, Risaralda y Caldas; ¡¡Nada mal para hacerlo sobre dos ruedas!!

Jornada 1: Bogotá, Girardot, Ibagué

Para el primer día, nos desplazaremos de capital a capital: Partiremos de Bogotá y llegaremos a la capital del Tolima, recorriendo casi 190 km con 2.000 metros de desnivel acumulado.

Saldremos por el occidente, pasando por los municipios de Funza y Mosquera para conectar con la vía que lleva a La Mesa. El primer ascenso a superar y para calentar motores es el Alto de Mondoñedo  con 4km al 5% promedio. Este resulta ser un segmento muy conveniente para muchos de los capitalinos además de tener un excelente estado de asfalto y espacio de seguridad para los ciclistas.

Una vez alcanzamos esta cumbre, viene un largo y emocionante descenso de 54 kilometros hasta el municipio de Anapioma. Por fortuna el trafico vehicular nos favorece y no es tan concurrido, lo que nos permite avanzar fluidamente además de que el estado de la vía, aparte de ciertos segmentos en donde hay puntos de obra, se encuentra en muy buen estado. En este descenso pasamos por La Gran Vía y La Mesa pero aprovechando la ayuda de la gravedad, no paramos sino hasta Anapoima en el kilometro 73 para nuestro segundo desayuno.

 

Estando ya unos cuantos pisos térmicos más abajo, chaquetas  y mangas van a la maleta para permitir que el cuerpo se ventile y mantenga una temperatura lo más cómoda posible; sin olvidar ponerse bloqueador.

 

Retomamos el camino y nuestro segundo objetivo es Girardot; pero como en travesía todo puede pasar, una de las ruedas trasera sufre un pinchazo, y aunque el sellante del tubeless nos permite seguir avanzando, en esta oportunidad no es suficiente y decidimos parar en la primera estación de servicio que vemos. Usualmente cuando el sellante no cubre el agujero, se recomienda colocar neumático, no obstante, ya que tan solo es nuestro primer día, consideramos esta medida “muy pronta” y decidimos reparar la llanta con un parche y volverla a instalar sin neumático.

 

Aunque puede parecer sensato, como aprendimos este día, “talonar” la llanta en el rin es decir crear el acople de las superficies con aire a presión no es tan sencillo cuando no se tienen las herramientas correctas, por lo que aunque la logramos al final, nos costó bastante tiempo y energía que hubiéramos preferido ahorrar.

 

Tras superar el impase, se acerca el medio día y el sol empieza a calentar pero todavía avanzamos a buena velocidad ya que la pendiente ligeramente descendente nos ayuda. Cruzamos Pubenza y hacemos parada para almorzar sabiendo que Girardot ya se encuentra a unos cuantos pedalazos. Una vez arrancamos con el tanque lleno, entrando a Girardot el municipio nos recibe con el segundo pinchazo de la jornada, y aunque es inevitable sentirse un tanto frustrado o “emberracado”, la mala suerte no es completa y sobre la variante encontramos una tienda de bicicletas que nos permite nuevamente hacer la reparación del Tubeless y no gastar aun los neumáticos.

 

Nuevamente retomamos camino un tanto afanados por el tiempo perdido en las reparaciones, pero sin entrar en desesperación tomamos ritmo y avanzamos por aproximadamente 2 horas sin parar, hasta que el calor nos supera y sabiendo que en estos segmentos de autopista los sitios de comida y sombra no son tan frecuentes paramos en el restaurante de una estación de servicio para nuevamente almorzar, hidratarnos y recargar caramañolas.

 

Poco después hacemos el desvío obligado hacia Gualanday ya que la autopista tiene un túnel con restricción de tránsito para los ciclistas. Este desvío nos permite conocer y admirar varios viaductos de altura impresionante y que demuestran que sí se puede hacer obras de ingeniería en el país.

 

Se nos acaban las horas del sol, baja la temperatura pero también se va la luz. Disfrutamos del atardecer que nos acompaña hasta el cruce a Rovira, en donde tenemos que adentrarnos unos cuantos kilómetros ya con luces delanteras y traseras. Pasadas las 7:00pm llegamos al Totumo, nuestro lugar de destino y en donde pasaremos el año nuevo durmiendo para salir temprano a la segunda etapa.

Jornada 2: Ibagué, La Línea, Salento

El amanecer de la segunda jornada nos trae algunos sentimientos encontrados. Ansiosos por afrontar un puerto mítico como El Alto de La Línea, uno de esos ascensos que debes hacer para sentir que subes de nivel como ciclista. Pero también estamos nerviosos porque para llegar hasta allá deberemos superar dos situaciones: Un paso popularmente conocido como inseguro por los  “amigos de lo ajeno”, y los segmentos en carretera con cierres intermitentes debido a derrumbes que habían estado taponando el tránsito de cualquier tipo de vehículo.

 

Alistamos los corotos en nuestros caballitos, y empezamos la búsqueda de un vehículo que pueda escoltarnos por el segmento de la variante que puede representar algún riesgo de seguridad, no obstante, siendo un 1ero de enero a las 6:00 am, no resulta tan sencillo ya que la mayoría de pobladores están descansando de las celebraciones de año nuevo, o, ¡¡aún no han terminado de celebrar!!. Gracias a la ayuda del administrador del hotel, después de varios intentos, un taxista responde a nuestro llamado y nos escolta desde el Puente de la Vida hasta el Boquerón.

 

Tras superar este primer evento, y tomar un buen desayuno, avanzamos hasta la base del El Alto de La Línea en el puente del Río Coello donde empiezan los 46 kilómetros de este magnífico puerto de montaña.

 

El inicio tiene numerosos descansos debido a los viaductos construidos que bordean y conectan la cadena montañosa, pero avanzamos a ritmo aprovechando los segmentos de baja pendiente y sobrellevando las rampas escondidas en diferentes partes del recorrido.

 

Despues de un par de horas y pasada la media mañana, llegamos a Cajamarca, municipio localizado aproximadamente en el punto medio del puerto, y que esparabamos con ansias ya que era hora del segundo desayuno. Sin embargo, la dicha no es completa puesto que para nuestra sorpresa no hay ningún lugar abierto, así que tenemos que pasar derecho y estar atentos a cualquier establecimiento en el camino.

 

Afortunadamente unos pocos kilometros después, gracias a los puntos de obra del Tunel, una tienda esta abierto para los trabajadores del proyecto. No conseguimos el anhelado desayuno que nos imaginábamos pero los pasabocas y gaseosa ayudan mucho. Es increíble como el cuerpo toma cualquier tipo de alimento y lo convierte en combustible para los músculos¡¡.

 

Media hora antes del mediodía, cruzamos el temido sector del talud de Buenavista, en donde se puede observar enormes cantidades de piedras y rocas desprendidas en ambos costados de la vía. La sensación de vulnerabilidad es inevitable así como la inmensidad y absoluto poder de la naturaleza. Cruzamos calladamente, como intentando no retar o despertar a la madre tierra, y en unos cuantos sigilosos pedalazos sobrepasamos el embudo y respiramos aliviados por que el plan se cumplió sin mayores contratiempos.

 

Ya con un poco más de calma, enfrentamos los últimos 10km que también son los más complicados físicamente. Las curvas de herradura de doble digito continúan, la cadencia disminuye y el pedaleo no es tan ágil. Nos distraemos admirando los paisajes, notando los cambios de vegetación y temperatura, y nos vamos adentrando en un manto de niebla. Es un buen indicador ya que estamos alcanzando los 3.000 metros de altitud.

 

Finalmente, 5 horas después de iniciar, llegamos a la cumbre del Alto de La Línea y nos llenamos de emoción indescriptible que sentimos por dentro pero que no completamos de expresar por el cansancio. Hacemos una rápida parada para ponernos chaquetas y guantes, tomar algunos pasabocas y comenzamos el descenso.

 

La muy particular situación de bajo flujo de trafico por la fecha, la pandemia y los derrumbes nos favoreció bastante en el ascenso, pero lo notamos más aun en el descenso. Pudimos tomar velocidad pero mas aun tuvimos mucha maniobrabilidad en las famosas curvas pronunciadas y lo mejor, no tuvimos que sobrepasar ningún camión o tractomula. ¡¡Definitivamente fue la mejor fecha para realizar este recorrido!!

 

Lo que demoramos en subir horas, lo descendemos en poco más de 40 minutos llegando a Calarcá, municipio al cual rápidamente aterrizamos en el parque principal en búsqueda de un muy buen almuerzo que nos permita recobrar energías.

 

Ya nos falta poco para llegar a Salento tomando la Autopista del Café, pero en nuestro camino esta Alto El Roble, con sus primero 12 Km y el ascenso a Salento de 4 km. No parece mucho pero el agotamiento acumulado hace sentir que las piernas ya no tienen mucha fuerza y pedaleas más con la cabeza que con los músculos.

 

Para satisfacción nuestra, tocamos las vías del turístico municipio aun con la luz del día y es tanta la emoción que, ignorando el sentido común, rematamos toda marcha una rampa de unos 50m como si no hubiera un mañana. ¡¡Locuras de ciclista!!.

 

Descargamos en el Hotel bicicletas y equipaje y disfrutamos del atardecer con el hermoso paisaje del eje cafetero.

Jornada 3: Salento, Santa Rosa de Cabal, Chinchiná

Después de haber superado el inmenso reto de la jornada 2, pensamos que los siguientes días podríamos tomarlos con mas calma; pero la vida siempre tiene planes diferentes….

 

En lugar de pasar una noche tranquila y descansada en Salento, tuvimos que lidiar con una intoxicación estomacal. Aunque somos precavidos con los alimentos que consumimos en ruta, en esta ocasión la mala fortuna nos da un susto para no olvidar.

 

EL objetivo de la tercera etapa es llegar a Chinchiná que está a unos 65 km por la Autopista del Café, y aunque el plan original era llegar a través de herradura para explorar y saborear mas las montañas cafeteras; modificamos el plan para hacerlo por el asfalto y así no forzar el cuerpo ya desgastado por el esfuerzo y ahora por el malestar estomacal.

 

Damos unas horas al cuerpo para que se estabilice y nos alimentamos con caldos y sopas con carbohidratos para nutrir el cuerpo de la mejor manera posible. Salimos poco después del mediodía e iremos a un ritmo muy controlado para estar atentos a cualquier síntoma de mayor descompensación.

 

La primera prueba será el corto ascenso desde la vereda Boquía  hasta la autopista del Café y completar Alto El Roble. Aunque nos toca lidiar con la vía angosta y alto tráfico de carros de turistas, la logramos sin mayores contratiempos y con el cuerpo calentando poco a poco.

 

En la cumbre, vislumbramos el cielo nublado y para llegar a Pereira debemos descender 23 km por lo que nos abrigamos y recorremos la bajada con el menor gasto de energía posible. Nuestra corazonada fue correcta y una fuerte lluvia se hace presente a mitad del recorrido y tendremos que lidiar con ella hasta poco antes de entrar a la Capital de Risaralda.

 

Aunque preferimos evitar el cruce de centros poblados grandes como las capitales de los diferentes departamentos que visitamos, en esta ocasión lo debemos hacer pero avanzamos tan ágilmente como nos es posible. El atrancado flujo vehicular y el smog de las urbes no son lo mejor para los ciclistas, pero hay ocasiones en que no hay opciones, como en este día.

 

Atravesamos Pereira conociendo el puente atirantado Cesar Gaviria Trujillo y una vez salimos de Dosquebradas comienza el 2do ascenso del día: Alto El Tambo con 7km al 4%. Este ascenso nos enamora ya que mas de la mitad de su longitud se encuentra el puente Helicoidal, una infraestructura de viaductos y túneles de impresionante complejidad y un éxito de la ingeniería. En su cumbre nos detenemos por unos minutos para apreciar el hermoso paisaje cafetero y su contraste con la vía y la ciudad.

 

Continuamos hasta el Cruce a Santa Rosa de Cabal y paramos para tomar más caldo y asegurarnos de mantener el equilibrio en todo nuestro sistema; afortunadamente parece que se está sobrellevando bien y no hay mayores reacciones.

 

El resto del recorrido hasta Chinchiná, es muy favorable ya que gran parte es descenso, lo que nos permite avanzar rápidamente sin mayores esfuerzos. Finalmente terminando la tarde, llegamos a Chinchiná que nos recibe con los aromas de las plantas de producción de Café y una buena cama para descansar.

Jornada 4: Chinchiná - Manizales

Para el cuarto día, amanecemos en Chinchiná tras una noche fría y lluviosa. Después de discutirlo, tomamos la decisión de nuevamente modificar el recorrido planeado que incluía el tránsito por los sectores de La Manuela y Santagueda para finalmente llegar a Manizales; pero debido al malestar corporal aun presente optamos por ser conservadores y realizar el recorrido directo hasta la Capital del departamento de Caldas.

 

La jornada es corta pero inicia con un puerto de 14km al 5,4% en el Ascenso a Manizales, un segmento que nos dejó con la boca abierta por el excelente estado de la vía, pero especialmente por los paisajes. La panorámica de las montañas, la carretera  y un cielo despejado hacen muy especial este puerto.

 

Este día es como pocos, ya que no son muchos los kilómetros nos damos tiempo y calma para avanzar relajadamente, disfrutar de cada pedalazo y probar los manjares de la región. Es un recordatorio de que existen diferentes maneras de disfrutar el cicloturismo y que no siempre involucra avanzar a altas velocidades y comerse los kilómetros para llegar de un punto a otro sino que la magia esta en el camino.

 

Al mediodía coronamos el puerto y cruzamos los límites de la capital caldense. Nos recibe con cielo nublado así que nos colocamos las chaquetas para protegernos de la lluvia. Como siempre, con agua la atención debe aun ser mayor para no tropezar con algún hueco o perder el control de la bicicleta, y aunque nos dimos un buen susto por un agujero en un puente, no pasó a mayores.

 

Llegamos a nuestro destino iniciando la tarde por lo que podemos disponernos a conocer la ciudad de las puertas abiertas el resto del día y el siguiente que decidimos incluir para que las fuerzas estén al 100% para la etapa reina.

Jornada 5: Manizales, PNN Los Nevados, Libano

Después de conocer Manizales y descansar apropiadamente superando cualquier remanente del malestar de Salento, salimos muy temprano para dar inicio al recorrido mas esperado de la travesía: el cruce del Parque de los Nevados.

 

Nuevamente en nuestro horario usual, salimos a las 6:00am a la autopista para terminar de cruzar Manizales y dirigirnos al Mítico Alto de Letras  cuya cumbre ya conocemos pero esta vertiente es totalmente nueva para nosotros.

 

La vía es de carril sencillo pero amplio y con berma, así que se puede pedalear con relativa comodidad. A diferencia de los días anteriores, ya es 5 de enero y cada vez mas personas retoman sus actividades por lo que el flujo tanto de vehículos como de carga es mas numeroso que los anteriores días.

 

Debido a que salimos temprano, estamos en búsqueda de un lugar para desayunar y con suerte encontramos un lugar perfectamente ubicado donde nos aseguramos de consumir buenas dosis de carbohidratos y proteínas para enfrentar lo que viene.

 

En algo menos de 4 horas completamos los 30Km hasta Letras en donde nos tomamos la foto de rigor, pero sin gastar mucho tiempo descendemos rápidamente los 6 ulitmos kilómetros para llegar al sector La Esperanza para tomar la vía que cruza el Parque de los Nevados.

 

Nuevamente aca paramos para tomar un segundo desayuno ya que seguramente mas adentro en la montaña será mas difícil de encontrar sitios de abastecimientos, así que no se debe escatimar en la preparación y prevención de cualquier eventualidad.

 

Una vez comenzamos el tránsito por el Parque, la sensación de emoción se apodera de nosotros. Tenemos muy buenas sensaciones ya que vamos a buena hora y tenemos mucha expectativa por descubrir lo que vendrá más adelante.

 

La vía es asfaltada aunque un tanto estrecha, pero debido a que el trafico es minimo se puede avanzar tranquilamente. El primer regalo que nos dá el parque es en el km 7.5 desde la Esperanza cuando llegamos a la Laguna Negra en donde nos tomamos unos minutos para disfrutar del paisaje.

 

Pero la imagen de postal y que nos sorprendió de manera muy especial fue cuando 2,5km después, sin mayor aviso y escondido detrás de una humilde tienda y una pila de escombros, de manera totalmente inesperada nos encontramos de frente con el Magnifico Nevado del Ruiz. Aunque esta todavía a varios kilómetros, la sensación de ver de manera tan detallada esa cumbre blanca y rocosa nos crea un recuerdo inolvidable.

 

Seguimos avanzando y unos kilómetros mas adelante llega como en una película la segunda imagen de postal: entre 2 montañas en un giro, de un momento a otro aparece nuevamente la imponente cumbre blanca del Nevado del Ruiz y cada vez más cerca. Definitivamente esta foto la pondremos en todos lados¡¡.

 

En el Km 50 llegamos a la cabaña Brisas, el punto de entrada si se desea ingresar y explorar más al parque. Aunque es una subida dura, decidimos llegar hasta este punto para conocer.

 

Nos tomamos unos minutos para apreciar la inmensidad de la cordillera y su relieve, e iniciamos el transito que hasta ahora había sido en asfalto pero que se agota en este punto y comienza el destapado.

 

Iniciamos con energía y emoción, la vía aunque rocosa es bastante manejable. Sabemos que aun nos queda casi 10 km hasta el punto mas alto pero venimos subiendo toda la mañana y las fuerzas ya se ven mermadas. Además este ultimo segmento del ascenso es bastante irregular, muchos columpios y bastante agotador. Tomamos un respiro y unos pasabocas en la única tienda llamada El SIfon, en donde encontramos varios aventureros que exploran el país de cualquier manera posible ¡ Muy inspirador!

 

Retomamos para finalmente coronar Alto de Ventanas, y dar por cumplido el mayor reto que hasta ahora nos hemos impuesto para nuestras travesías. El sentimiento de satisfacción nos llena de alegría y nos recarga el espíritu para terminar la dura jornada.

 

Nos quedan 24km de bajada hasta Murillo y pensamos que ya había pasado lo mas difícil, sin embargo, el camino se dificulta mucho por el estado de la vía: aparecen secciones con superficies resbalosas por pasos de agua, riachuelos, mucha roca grande, material suelto y lodo. Mejor dicho, como dicen por ahí, un recorrido muy técnico. Nuestra velocidad de avance se ve bastante reducida y aquellas partes del cuerpo que no dolían por el ascenso empiezan a doler por el descenso.

 

El tramo que pensamos nos iba a tomar menos de 1 hora, nos factura casi el doble y el agotamiento físico y mental es muy alto. Celebramos inmensamente cuando termina la herradura y podemos aprovechar esos pocos kilómetros de asfalto para ir a toda marcha y llegar pronto a Murillo para comer.

 

Llegamos finalizando la tarde y los vecinos de mesa en el restaurante nos aconsejan apresurar el paso ya que la vía al Líbano es de bastantes curvas y el transito durante la penumbra puede ser de alto riesgo, así que apresuramos los bocados del corrientazo y avanzamos los últimos kilómetros.

 

Efectivamente es una vía angosta y de mucha curva, pero en comparación a lo superado en esta etapa, la verdad lo disfrutamos bastante y la adrenalina nos hizo olvidar del penetrante frío que invadía el ambiente.

 

Llegamos a nuestro destino al finalizar la tarde y con los primeros rayos de Luna. Una vez más estamos muy contentos por una etapa  en la que llegamos agotados pero sanos y salvos y con recuerdos para toda la vida.

Jornada 6: Libano, Cambao, Vianí

Penúltima etapa y ya empieza a sentirse la melancolía porque el fin del viaje se aproxima. Nos despertamos algo magullados por el esfuerzo del día anterior pero iniciamos el día con un largo descenso hasta el Cruce de Armero así que las piernas y el cuerpo van a poder calentarse muy lentamente.

 

Por supuesto pasamos por el parque principal del Líbano para la respectiva foto, pero es fugaz y continuamos camino. Por supuesto, en Colombia nada es totalemente de bajada, por lo que en los 43 Km hasta el cruce a Armero existen unas cortas subidas de 2 y 5 kilometros; no parecen mucho pero como arden las piernas.

 

Avanzamos rápidamente y antes de llegar al punto más bajo, junto al Río Magdalena, hacemos una parada para el segundo desayuno de media mañana. El cambio de temperatura es muy notorio y ya vamos con la lengua afuera por el calor, así que debemos estar siempre bien hidratados y con comida en el estómago.

 

A los 45 kilometros se acaba la dicha y la ayuda de la gravedad y empezamos a pedalear en serio. La recta hasta Camabao es de 23 kilometros y el cielo esta totalmente despejado y los rayos de sol apuntando a nuestras espaldas. Tratamos de avanzar a un buen ritmo para reducir el tiempo de exposición al sol y hacemos nuestro mejor esfuerzo aunque el cuerpo clame por bajar el ritmo.

 

Llegamos a Cambao y paramos para almorzar así sea antes del mediodía, porque ya sabemos lo que nos espera. Al terminar, el sol esta en su máxima expresión, pero no hay nada que hacer, es mejor empezar de una vez y no que nos coja la tarde así que justo a las 12:00pm  empezamos el ascenso de Alto Cambao con sus 32 km al 4%.

 

Para ser honestos, en un puerto de estos no hay mucho que explicar, eres solo tu con la bicicleta librando una batalla interna en la que el cuerpo te dice que ya no más pero la mente debe mantenerse firme en su objetivo. Pedaleas y pedaleas, aguantas el calor, tomas y comes y sigues pedaleando.

 

Sabemos que hasta el kilometro 15 aparece la primera tienda, y nos alcanzamos a asustar porque estaba cerrada¡¡, pero unos metros mas adelante había otro establecimiento donde recuperamos fuerzas por un rato. Nuestro segundo punto de referencia era la entrada a San Juan de Rio Seco, donde sabíamos que podríamos encontrar almuerzo; pero oh¡ sorpresa: estaba cerrado….

 

Las ansias suben de nivel porque el cuerpo te esta pidiendo combustible, pero sin entrar en desesperación seguimos avanzando y encontramos nuevamente una tienda para hacer parada. No encontramos el tipo de comida que necesitamos pero algo es algo y el cuerpo lo agradece.

 

Cuando salimos de la tienda, notamos un desperfecto en una de las llantas traseras e identificamos que un rayo (o radio) se rompió y por lo tanto la rueda queda desbalanceada. Nunca nos había ocurrido esto por lo que no estamos seguros de que la rueda pueda aguantar y estropee los planes para el ultimo día.

 

Afortunadamente, otro beneficio del ciclismo, es que conoces mucha gente nueva y mas experta en todos estos temas por lo que pedimos consejo a varios amigos y la mayoría coinciden en que la rueda tiene resistencia suficiente para sobrellevar estos últimos kilómetros y la llegada a Bogota. Así que sin muchas más opciones, continuamos con la rueda tal y como esta.

 

Llegamos a nuestro destino y hospedaje a las afueras de Vianí, y nos preparamos para nuestra ultima etapa de este maravilloso viaje.

Jornada 7: Vianí, Alto la Tribuna, Bogotá

Nos despertamos listos para realizar la ultima etapa y llegar a casa nuevamente. Algo tristes por que la aventura se acaba pero a la vez satisfechos de haber cumplido el reto y tomarse unos días de merecido descanso.

 

De nuevo tenemos suerte y el camino empieza con un segmento plano y después otro de bajada hasta el Río contador, así damos un poco de tiempo para aclimatar los musculos. No obstante depues de este pedazo empieza el Alto La Tribuna con 30 km de longitud al 5%. ¡¡Definitivamente para ser ciclista en Colombia tienes que enamorarte de las subidas!!.

 

Este puerto en particular es poco conocido ya que el mas transitado es el que nace en Villeta y termina en el mismo punto, sin embargo, esta ruta la disfrutamos bastante ya que los primeros 20 kilometros, antes de llegar a la vía principal, el flujo de tráfico es mucho menor por lo que no hay tanto desgaste mental ni tensión.

 

Pasamos Guayabal de Siquima y llegamos al cruce para tomar la vía principal que viene desde Villeta. En seguida percibimos el cambio de ambiente y las Mulas y camiones aparecen en bandada. A pesar del cansancio, prender todos los sentidos y concentrar la atención para maniobrar con seguridad, es imprescindible en vías como estas. Son poco mas de 11 kilometros hasta la cumbre así que lo tomamos con calma y siempre priorizando la seguridad para que un descuido o imprudencia de ultima hora nos dañe el regreso triunfal a Bogotá.

 

Como ya hemos subido varios pisos térmicos, hacemos una corta para en una estación de servicio para colocarnos mangas y guantes y tomarnos unos minutos de descanso y como siempre: Comer.

 

Finalmente, con 4 horas de ascenso, coronamos el octavo y último puerto de la travesía. Celebramos porque estar fuera de casa por una semana, recorrer casi 700km y conocer tantos departamentos y pueblos de nuestro país, es una hazaña de la que nos sentimos orgullosos pero mas que todo agradecidos de tener la oportunidad de hacerlo de esta manera.

 

¡¡Que viva el Bikepacking!!

.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.